Feliz nuevo año, queridos lectores. He estado ausente, o más bien presente en otros menesteres, durante estas fiestas navideñas. Atender a la familia y a los seres queridos es muy gratificante, y ello me ha impedido atender como bien quiero esta pequeña ventana de información y debate.
Hoy, amigos, estoy casi horrorizado con la noticia que la Voz de Galicia nos brindaba: el Concello no paga las cantidades que ha estipulado en un convenio, para sufragar los gastos y la actividad de la Banda Municipal de Música. Esta, como no ha cobrado, decide suspender sus actividades: ensayos y conciertos. A las siete de la tarde de hoy mismo, la Voz de Galicia recoge las declaraciones de Melchor Roel, El Malo, que básicamente viene a decir en ellas que el Ayuntamiento no tiene deudas pendientes con la Banda, que se han presentado los papeles para el cobro el último día hábil de diciembre y que a él no le consta que los músicos estén sin desarrollar su actividad.
Vayamos por partes:
El papel de las asociaciones culturales en Viveiro
La Banda de Música es hoy día una entidad independiente, heredera de lo que fué la Banda Municipal de Música, que dependió directamente del Concello, y ésto muy remotamente. En un momento dado, y no hace demasiado tiempo, el Concello se desprendió de la titularidad de la entidad musical, que pasó, como asociación, a ser plenamente autónoma, aunque sucesora, en lo que atañe a su identidad e incluso a la composición de sus miembros, siguiendo nutriéndose de los alumnos del Conservatorio de Música, fundamentalmente. Por ello podemos decir que la banda de música es una entidad genuinamente vivariense, señera de nuestra tradición musical, y un exponente del trabajo artístico bien hecho que en Viveiro ha habido a lo largo de su historia. Que la Banda de música, al margen de gustos personales de unos y otros, esté en un momento tan flaco, es una tragedia enorme: y lo digo sin ningún ánimo de exageración. ¿Por qué? Pues queridos amigos: basta ver la edad media de los componentes de la Banda. Es suficiente contemplar como niños de poco más de los diez o doce años sostienen un bombardino o una trompa que casi les supera en tamaño, y dominan el instrumento con una maestría que muchos desearían. Pero más allá del trabajo y del esfuerzo personal de adultos y pequeños componentes de la organización, está la ilusión y la afición con que cultivan la música. Más allá está el empeño personal de los chicos, sus familias, sus padres —que a veces han sido o incluso siguen siendo miembros de la banda, y ajenos a ella también—. Está el trabajo minucioso de su director y los músicos más veteranos. También está el bagaje histórico, la tradición y el mantenimiento de la identidad de un pueblo que es fiel a sus instituciones populares más enxebres. ¿Que diríamos de Viveiro si mañana se fuesen al tacho, o sólo parasen durante un año, las Cofradías de Semana Santa, Bágoas da Terra, la Coral Alborada o muchas otras entidades culturales que dan una excelente cobertura a actividades que de otra forma no habría quien las desempeñase? ¿Que diríamos de nuestro Ayuntamiento si dejase caer estas asociaciones y grupos de personas que ponen en el asador sus ilusiones y su buen hacer? Más aún ¿que diríamos de la administración municipal si engañase dolosamente a todas estas entidades? Pues diríamos cosas malas, mucho me temo.
No nos engañemos, amigos: todas estas entidades están gestionadas por personas particulares, que nada o muy poco tienen que ver con la política. Muchas veces, el desempeñar todas estas actividades culturales y su misma organización, va al bolsillo y a las espaldas de los directivos de las asociaciones culturales de uno y otro tipo. El mérito de que hayan crecido no se debe a uno u otro alcalde o político, sino a la continuada labor que se ha desempeñado por mucho tiempo, con sus aciertos y sus errores. Ello ha servido para que, con muy poco gasto, se puedan cubrir semanas de fiestas, se hagan eventos culturales, y la vida de nuestro pequeño pueblo sea más agradable, más amena, y, en definitiva, nuestras calles estén más vivas, al tiempo que muchos vivarienses realizan su afición particular. Y esto es bueno.
Es buena la autogestión y la independencia de los organismos oficiales. Pero lamentándolo mucho, siempre queda el engorroso tema del dinero. Durante mucho tiempo ha sido un empeño personal de numerosos directivos de estas colectividades, defender la obligación de la subvención pública a las entidades puesto que "llevan el nombre de Viveiro por allí donde pasan". Este argumento, estimados lectores, creo que está muy lejos de ser el vinculante. Más bien defiendan los gestores y directivos de asociaciones culturales que estas protegen, mantienen viva y ponen en valor la cultura de Viveiro; al mismo tiempo que dan ocupación no sólo económica a numerosas personas, desempeñando incluso una labor educativa. Mantienen el patrimonio cultural, ya sea civil o religioso. Sostienen actividades de entretenimiento y espectáculos que en numerosas ocasiones son completamente gratuitas para los espectadores, al tiempo que mueven numerosos visitantes a nuestro pueblo, con la poca o mucha promoción económica que ello implica. Incluso hacen sentir útiles a personas que se vuelcan en la organización y el trabajo de estas asociaciones, cuando se han jubilado. Son una parte muy viva de la sociedad civil de nuestro Concello y desde aquí, la existencia de cualquiera de ellas, tendrá nuestra más firme defensa. El pasear el nombre de Viveiro por los lugares, créanme, es una pequeña parte. Mínima: porque lo importante son las personas, y no las palabras ni los nombres.
El engaño
Amigos: creo que es hora de aclarar algo que viene ocurriendo en nuestro municipio con las subvenciones. Y es una razón que debería poner al BNG a pensar, una vez más, si tiene algún rédito honroso —para la totalidad del municipio— mantenerse en el gobierno con un alcalde que sigue en sus trece. He dicho con anterioridad que existe un engaño manifiesto y doloso a las asociaciones de uno y otro tipo que se enclavan en nuestro municipio a tenor de los famosos convenios que suscribe el Concello. Las habituales fuentes jurídicas que consultamos desde Consulado Garamanta —a quien agradezco su discreción y su buena información en este tema— dicen que, sin que quepa ninguna duda, los convenios no pueden ser usados para disfrazar una subvención, y la práctica que se ha estado manteniendo durante todo este tiempo en el Concello es un claro fraude de ley, sin ningún tipo de cobertura legal, y que condena a las Asociaciones a no tener un fácil cobro de las ayudas, e incluso a no tener ni derecho a ello.
Las mismas fuentes dicen que la figura del "Convenio" nació para realizar actividades entre distintas administraciones públicas, y las asociaciones no son administraciones públicas. Para dar dineros a asociaciones y entidades de carácter privado y con fines culturales, deportivos o cualquier otro distinto del lucro o la actividad empresarial, habría que llevar a cabo un procedimiento similar al que hacen otras administraciones públicas, recurriendo a la vía de la Subvención, en régimen competitivo y de justificación de méritos y propuesta de actividades, con sus correspondientes justificantes. Otra de las vías posibles, sería la de la contratación por la prestación de servicios —de la misma forma que se contrata con aquellos que traen las orquestas a las fiestas— pero las fuentes consultadas se muestran cautas en este último sentido, puesto que es contradictorio que una asociación sin ánimo de lucro desempeñe el labor de una empresa dedicada al sector de la parranda.
Lo que habría que preguntarse es lo siguiente ¿se conoce por parte del Alcalde y de los grupos políticos que con la figura del convenio, están realizando, ni más ni menos, que una ilegalidad? ¿No pone pegas Intervención o Secretaría, ante la dudosa cobertura legal que tienen tales convenios? Y en cualquier caso ¿están siendo engañadas las asociaciones con este u otros argumentos? Sinceramente, estimados lectores, yo creo que sí. Y les diré ahora mismo el porqué.
La controversia
En la noticia publicada a primera hora de la mañana, la Concejal de Cultura del Concello, Olalla Casas, del BNG, reconoce abiertamente la situación de incumplimiento del convenio, y la ausencia de pago a la Banda de Música, recalcando abiertamente que existe voluntad política para llegar cuanto antes a una solución. Asimismo, el diario se hace eco de que la situación de la Banda no es nueva —quizá es la más reseñable, debido a la larga historia de la misma— sino que otras muchas entidades no están recibiendo las cantidades prometidas. Todo ello es la constatación fáctica de lo que el grupo político Independentes de Viveiro denunció con el asunto de la Banda, en un ejercicio responsabilísimo de oposición. Olalla Casas, en un gesto también responsable, opta por seguir negociando. Buscando soluciones. Y todo esto es bueno.
Pero, lamentándolo mucho, a las siete de la tarde, La Voz se hace eco de las declaraciones, malasombrinas, de nuestro alcalde. En estas busca su propia justificación, negando la verdad de lo que habíamos leído por la mañana, y atribuyendo la culpa de la falta del pago a los integrantes de la Banda de Música, y, de paso, alzándose claramente como persona autorizada para decir que los músicos no han interrumpido su actividad —sabiendo como sabemos, que la Banda es independiente, y el alcalde no tiene por qué saber si los músicos tocan o no tocan—.
| El que se pica... |
Si nuestras flores van destinadas a todos aquellos que buscan una solución al problema, tanto políticos como miembros de la Banda de Música, nuestros dardos, y acaso también nuestros peñascos, se dirigen a Melchor Roel. Y no porque no nos caiga bien, que también, sino por el ejercicio de irresponsabilidad manifiesta y por la mala educación —imperdonable— de trasladar la culpa a otros. Por decir que la Banda cuesta dineros al Ayuntamiento —le recuerdo que lo pagamos todos, al igual que pagamos el salario del alcalde durante mucho tiempo, cosa bastante más improductiva—. Por enmendar la plana —y de tan malas maneras— a su Concejal de Cultura. Y por que el que se pica, ajos come.
Yo, cada vez más, tengo muy claro que Melchor Roel se ha ganado a pulso el título que le hemos puesto. Melchor Roel, El Malo. Y no por qué sea mala persona, que no lo sé, y francamente aguardo que no, sino porque es mal gobernante, dando muestras de un despotismo que no hay por qué tolerar. Él no es el Alcalde para gobernar y mandar a su antojo, sino para dirigir, auxiliar y gobernar con buen talante y respeto a la ley y a las personas. Incluso con respeto a nuestras insitituciones y nuestras tradiciones. Yo animo a la Banda, y animo a los políticos municipales a que tomen el toro por los cuernos y pasen olímpicamente del alcalde. Yo les conmino a que adecuen las ayudas al derecho y a la ley, para que, con toda garantía, se libren, de ahora en adelante, las cantidades que pueden prometer. Que se hagan presupuestos de una vez, que permitan crear subvenciones en régimen de competitividad, para que ninguna de las asociaciones del Concello se queden sin nada.
Me parece denigrante que tenga más derecho a cobrar de nuestro municipio Alaska y los Pegamoides, Obús, la orquesta Olympus o Rita la Cantaora antes que cualquier asociación que mueve a personas de aquí. Me parece escandaloso que nuestros impuestos se vayan en pagos a empresarios y mediadores para traer a artistas del año de la polca. Creo que tenemos que apostar por lo propio, por nuestra gente y nuestros chicos: porque tienen derecho a ello, y nosotros tenemos la obligación, mal que le pese al Alcalde, y aunque no nos guste ese estilo de música, lo que hacen, o cómo actúen. Ellos han dado la talla y la siguen dando: el Concello se queda corto, y mucho.
Sé que corren malos tiempos para la cultura y el asociacionismo, pero si confiamos en que ese trabajo no es en balde, saldremos de estos problemas cuanto antes. Porque, queridas asociaciones, si llegáis a desaparecer, no nos quedará ninguna conexión con nuestra tradición, nuestro pasado y nuestra identidad, más que el recuerdo.