Por fin, amigos, he vuelto, y vengo cargado, no de novedades, pero si de ganas de seguir con la tarea que me he propuesto cuando inicié este blog.
Y ahora vamos a hablar de algo silenciadísimo en el Concello de Viveiro, por la buena cuenta que le tiene a Melchor Roel, el Malo, adalid del sindicalismo. Se trata de una serie de despidos improcedentes que se han llevado a cabo hace, aproximadamente, dos años, pero que están trayendo cola.
La Xunta de Galicia, cada año desde hace bastantes —6, 7, 8...— remitía a los Concellos de Galicia, que tenían cierta entidad, una suma de dinero para proveer de plazas el tan afamado servicio del GRUMIR. Personas que el Concello contrataba para hacerse cargo de no-se-sabe-bien-el-qué; o personas multiuso que tanto estaban para un roto como para un descosido: desde dirigir el tráfico hasta rescatar una ave. Lo cierto es que estas personas venían desempeñando un trabajo, y he aquí que tenían derecho a su salario, aunque no hiciesen nada. Realmente lo dañino no era lo que viniese desempeñando esta gente, sino el desgobierno al que está sometido el Concello, que en lugar de proveer al GRUMIR de unas funciones claras, lo usaba para tapar los agujeros de su desastrosa organización.
Las subvenciones se venían repitiendo con el tiempo, y las personas contratadas, antes de ser personal municipal, pasaban por una mesa de selección a la que concurrían numerosos vecinos, ávidos de un sueldo. Estas subvenciones tenían una duración de seis meses, por orden de la consellería pertinente, que era la de Traballo. Al concello, por lo visto, no le llegaba con estos seis meses, de modo que, para suplir la deficiente provisión de plazas, también, en la Policía Local, y sus continuas bajas, echaba mano de los trabajadores del GRUMIR —en su mayor parte mujeres— para tareas de vigilancia y seguridad ciudadana durante los festejos y temporadas de mayor actividad en el municipio, como podía ser la Semana Santa ¿Quien no ha visto un chaquetón naranja fosforito en medio de una procesión? Ahí estaba el GRUMIR. Para estas ocasiones, repetidas veces, el Concello tuvo que prorrogar el contrato de los miembros del GRUMIR, corriendo a cuenta del municipio estas prórrogas, a las cuales no llegaba la subvención.
Cuando el Concello, o mejor dicho Melchor Roel, lo veía conveniente, sus contratos no eran renovados, y se veían abocadas al paro. Pero volvía la subvención de la Xunta para suplir la falta de personal del GRUMIR, y se volvía al inicio: mesa de contratación que evaluase a los candidatos. Los candidatos se incrementaban con el tiempo, pero los elegidos para el empleo volvían a ser las mismas personas, puesto que uno de los puntos del baremo era, expresamente, la experiencia en el desempeño de la misma tarea. Y por esta vía se logró que alrededor de DOCE PERSONAS lograsen encadenar una serie de contratos, que a la sazón eran irregulares por defectos formales en su redacción de tal forma que éstas alcanzasen una antigüedad de alrededor de cinco años. Entre contrato y contrato pudo haber transcurrido, en cada ocasión, un mes de paro.
Alrededor de Septiembre del 2009 se termina una nueva convocatoria de las subvenciones de la Xunta para los GRUMIRES. El acceso al gobierno autonómico de Feijoo, que recorta gastos, y la crisis, hacen mella y se suman muchísimas más personas a la nueva convocatoria, lo que hace que parte de los anteriores doce operarios sean despedidos. En Febrero del siguiente año, irá al paro la otra parte. En resumen: la totalidad de los operarios despedidos demandan al Ayuntamiento por despido improcedente.
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| Y como esta, un montón... |
Este es el planteamiento general del caso, y diréis ¿cual ha sido el problema? Pues lo siguiente: previamente al despido de los trabajadores, un sindicato muy conocido, pero no su sección de Viveiro, sino la de otra parte de la Mariña, informó de sus derechos a algunos de los trabajadores implicados en esta situación de ligazón de contratos; y tan bien les informó que ellos se hicieron fuertes. Ni que decir que la noticia de que, según el sindicato, esa ligazón contractual se equiparaba a una situación de contrato por tiempo indefinido, corrió como la pólvora entre aquellos que estaban en el GRUMIR. Y era que si habían trabajado 24 de 30 meses en la misma empresa y el mismo puesto de trabajo, eran, por así decirlo fijos. Y ellos habían completado ese plazo. De tal forma que lo siguiente fue ir a hablar con Melchor.
Melchor Roel, desde luego, no se esperaba este miura, y tuvo que torear con aquellos que más bravos son: los que se ganan el pan con el sudor de su frente. El caso es que, como pudo, se desembarazó de una caterva de individuos —a su entender, que no al mío— con buenas promesas. La promesa estaba clara, pero insegura: «Tenéis que denunciar, porque así, os tengo que coger reforzados». Melchor Roel, alcalde de Viveiro, despidió a los trabajadores, instándolos a la demanda, porque, según él, así los tendría que readmitir con un refuerzo. Aprovechó para indicarles la dirección de un conocido sindicato, pero esta vez, su dirección en Viveiro. Saben todos que está por allí, en la Feria Vieja.
Lo grave de este asunto es que muchos de los trabajadores se creyeron las buenas palabras de Melchor, pero lo que le faltó por decir es que en la instancia judicial se dirime una controversia, y la pretensión municipal —o en este caso, de Roel— era clara: el despido, sin indemnización, claro está. Se le había colado, al ayuntamiento, un grupo singular que apretaba cada vez más la ahogada economía municipal. Esta falsedad se incrementó con el asesoramiento que tan conocido sindicato prestó —y aún presta— a los trabajadores.
Se litigó para cada uno de los trabajadores, con el gasto que eso supuso para el Concello. El bufete Lois fue el encargado de la defensa municipal. Se sentenció en primera instancia, y el Ayuntamiento fue condenado doce veces a readmitir a los trabajadores, o a indemnizarlos, reconociéndoles a todos ellos diversos años de antigüedad, según el caso. También se reconocieron situaciones de contratos realizados de forma fraudulenta, e incluso situaciones de acoso y persecución a los trabajadores. Huelga decir que, además de las indemnizaciones, el Concello tendría que hacer frente, también, a los salarios que los trabajadores habían dejado de percibir mientras no trabajaron. Es decir: cobrar por no hacer nada. Al Ayuntamiento le crecían los enanos, y salieron gastadores: entre pitos, flautas y gastos de abogados, habría que pagar un buen pellizco.
¿Cual creen ustedes que fue la situación siguiente? Pues ni más ni menos, amigos: los trabajadores volvieron a parlamentar con el Gran Jefe, y Roel, contra las cuerdas, echó mano de otra excusa: «tenemos que recurir, porque así, si tenéis dos sentencias a favor, estáis mucho más reforzados». ¡Ahí es nada! Melchor, a la desesperada, intenta que los despidos puedan hacerse efectivos, y los trabajadores vuelven a los juzgados, acosados por un Concello que litiga con el dinero de todos. Y a enfrentarse a doce apelaciones, una tras otra. Apelaciones que el Concello inicia y vuelve a perder, una por una. Ya no hay vuelta atrás, ni recurso superior. Le sale mal la jugada a Melchor, y tiene que readmitir o pagar, y hacer frente a más gastos judiciales.
Coincidió esto con el fin de las subvenciones de la Xunta para los GRUMIRES, de tal forma que aquel imprescindible trabajo de la indefinición que venía a cubrir este grupo, quedaba sin hacer, por lo cual a Melchor se le presentó la fabulosa ocasión para disfrazar la readmisión bajo la figura de la necesidad. Pero aún le quedaba algún as en la manga al Gran Timonel del Landro: no pagar las indemnizaciones a las que estaba condenado. Y ni que decir tiene que lo supo jugar, y muy bien jugado: logró, con ayuda de ese magnífico sindicato que representó a los trabajadores, que estos hiciesen una renuncia jurídica al cobro de las cantidades establecidas en sentencia judicial, a cambio de ser readmitidas. Acuerdo ilegal, que se disfrazó en buenas intenciones, promesas de pago, y lo que es peor, pagos mediante mecanismos irregulares. A cambio de estos pagos, los trabajadores no reclamarían el pago de lo debido, para lo cual tienen un plazo de cinco años desde la fecha de la sentencia firme. Los trabajadores se creyeron, de nuevo, otra de las patrañas; pero no por su ignorancia, ni su connivencia, sino que por el pasteleo que, por la puerta de atrás, se trae Melchor Roel con este sindicato con oficina en Viveiro.
Pero no acabó aquí el suplicio judicial del ayuntamiento en este caso: una perjudicada en el caso de la selección del personal tuvo la magnífica ocurrencia de impugnar la selección del año 2008, para lo cual presentó la pertinente demanda.
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| Otra que le cae al Ayuntamiento... |
¿Qué creen que ocurrió con esta demanda? Pues lo mismo que con las anteriores: se estimó en doble instancia, y el Ayuntamiento perdió DOS VECES, siendo condenado a pagar una indemnización a la trabajadora que quedó fuera de las plazas del GRUMIR porque la selección del personal había sido fraudulenta. ¿Y cómo creen que reaccionó Melchor Roel? He aquí la noticia de esta semana, fresca, de esta mañana: A través del sindicato de Viveiro, se comunicó a los trabajadores implicados en las sentencias anteriores, y que salieron elegidos de esa mesa de evaluación para la contratación, que perderían un año de antigüedad en la empresa, pues así lo dictaba la sentencia. Con lo cual, constaba como si no hubiesen trabajado, que sus contratos no existían, y que incluso podrían irse al paro, y no había vuelta de hoja. Pero esta vez Melchor tendría que negociar con el Juez y la demandante, de tal forma que nadie se perjudicase, y solamente con un año de antigüedad en la vida laboral de los trabajadores, quedaría todo zanjado. Un tono mesiánico en un momento en el que el trabajo se cotiza muy caro para cualquiera. Y Melchor salvaría a los trabajadores. A cambio, habrían de mantenerse callados y no ponerse en acción para cobrar lo que el Ayuntamiento les debe por despido improcedente —un cuento chino digno del mejor fabulista—.
En resumen, amigos, ¿qué es lo que tenemos?
—Un Ayuntamiento en bancarrota técnica, con un ERE planeando sobre la cabeza de los empleados.
—Un Ayuntamiento archicondenado al pago de indemnizaciones por despidos improcedentes, en una suma de alrededor de 72.000 €uros.
—Gastos judiciales a gogó.
—Mentiras, mentiras y más mentiras a unos y otros: trabajadores y opinión pública.
—Una connivencia perjudicial: Melchor Roel y Sindicato.
—Dedicaciones exclusivas que aumentan la sangría en la nómina municipal.
—Un alcalde nervioso, actuando con una desfachatez que clama a los cielos, y de juzgado de guardia.
Y les lanzo otra pregunta... ¿Se imaginan qué sindicato es el que defendió a los trabajadores? Si... al que tienen que pagar una (in)defensa jurídica que les está pasando doble factura... Pues ese sindicato... Aten cabos, piensen un poco, y nos aparece de la nada una concejala condenada...
Les ruego que no digan nada de esto, pues es un secreto; conviene que nadie se entere de lo que pasa en el Concello. Otro día les hablo de los 8.700 €uros que faltan, y que Melchor tampoco quiere que se sepa, no vaya a ser.
En fin, amigos. He vuelto a Viveiro: el lugar del mundo donde estas y otros milagros son lo corriente. Recibid un afectuoso saludo.