Queridos vecinos:
Hoy voy a daros una receta que es rica, rica. Se trata de un plato típico de nuestro municipio, que se sirve frío, como la venganza, y del que gusta la agrupación socialista local. Se trata del poco conocido «Stalinismo a la vivariense», que se parece al soviético, pero sin muertos de por medio.
Los ingredientes básicos son tres o cuatro partidos políticos de diverso tamaño —uno tiene que ser de cosecha propia—, la misma cantidad casi de derechas que de izquierdas; un ayuntamiento más o menos desgobernado y prensa local en abundancia. Nunca se le pueden poner presupuestos, porque entonces el plato queda con poco sabor. La cocción es sencilla: mézclense las izquierdas —nacionales y nacionalistas— en unos pactos (riquísimos los del Louzao), y déjense a macerar año y medio. Enséñense los presupuestos a la mezcla ¡pero no se les ocurra añadirlos!, dejen que las derechas, no mezcladas nunca, actúen por su cuenta en el plato, y despúes pongan todo a cocer durante unas fiestas patronales, eso sí, con publicidad en la prensa.
Al cabo de un verano, tendrán como resultado un fantástico menú político, en el cual, un alcalde perdonado por sus desmanes con el programa electoral elimina a sus socios del gobierno con las acusaciones que a él le vendrían que ni pintadas —propio de Stalin ¿recuerdan?—; una derecha que no sabe que el BNG no pega ni con cola para pactar con ellos; un BNG ultrajado, despreciado, insultado y vapuleado, que después de actuar generosamente con el alcalde —que no con los vecinos— es carne de venganza; y un partido local que ¡ahora sí! sabe de que va el tema y no se asombra de la ruptura.
Pues si. ¿Y nadie se lo esperaba? Melchor Roel, apreciadísimos todos, ha dado, una vez más, que no será la última, la imagen que realmente refleja su forma de ser y de actuar políticamente: como un verdadero dictador que echa a quien le afea su mal comportamiento.
No queremos decir mucho más que no nos merecemos el alcalde que tenemos. Usurparon antidemocráticamente la alcaldía a un partido vencedor, pero con las reglas que las leyes permiten y que debemos respetar; y más antidemocráticamente va a gobernar, puesto que lo único y lo último que desea Melchor es "ser alcalde", a pesar de todo y de todos. Esta última jugada es la constatación de que, como político, es despreciable, y sus formas deleznables. Podría haberse callado, habría sido más elegante. Pero por encima de expulsar del gobierno a quien le ayudó a ponerse donde están, los veja públicamente.
Recuerdo que Bernardo decía, en campaña electoral, que él no sufriría lo mismo que Paco Luis sufrió en el anterior bipartito. Que si Melchor no hacía caso el BNG se iría. Pues tuvo razón: no sufrió lo mismo, que sufrió más aún. Haber esperado un mes para perdonarle —lo que es ofensa al vecindario y falta de compromiso con lo prometido— para que la zarandaja alcaldil de último momento acabase con esta mofa pública, no es sólo un desprecio al Bloque, sino a todos los votantes que tuvo, y más aún, a aquellos denominados "de izquierdas" que no quieren el gobierno de la "derecha".
Sólo advertimos una cosa al personal: que quien ha quedado mal es Melchor, y que los mártires de este Diocleciano son el BNG, sus votantes, y el gobierno (in)estable de un municipio.
¡Ah!... y que los presupuestos... van bos!
Queridos vecinos, queda esto abierto a su opinión autorizadísima, y al debate.
Queridos vecinos, queda esto abierto a su opinión autorizadísima, y al debate.
