miércoles, 31 de agosto de 2011

De fiesta...

Me agrada escribir sobre las fiestas. Porque en las fiestas casi siempre las personas sacamos lo mejor de nosotros para disfrutar en buena compaña de nuestros amigos y familiares. En resumen: aprovecho para escribir en los días después de Naseiro; y no entre los días de fiesta en los que, a decir verdad, uno anda pendiente de otras cosas. Porque, y también para ser sincero, uno paga sus fiestas, y por partida doble: las paga con sus impuestos, y las paga en su casa ¿ya está bien?

Siempre he sido partidario del modelo antiguo en esto del festejo: una comisión petitoria que, de casa en casa, de comercio en comercio, meses antes de los días de parranda, van recaudando lo que los vecinos queremos dar. Únase a esto rifas y loterías para sorteos variados, con su correspondiente prima, y nos sale una cantidad poco más que aceptable. Con eso se hará fiesta, si llega a más, más; si no, menos. Es así de sencillo. Pueden ustedes llamarme antiguo: lo soy.

Pero con esto de las administraciones públicas metidas a festeiras corremos un serio peligro —es un hecho constatado—: el déficit municipal se dispara porque el rendimiento de las fiestas no revierte de nuevo en bienes o servicios para la comunidad municipal, de tal forma que ese dinero es como si volase, aunque lo disfrutásemos. Por cien fiestas que se hagan, no se implanta una nueva empresa en el concello. De esta manera, no hay posibilidad de reingresar la cantidad gastada, si no es siempre echando mano de los antiguos contribuyentes. Con esto quiero demostrar lo falaz del argumento alcaldino del que Melchor Roel, El Malo, hace gala año sí y año también: las fiestas son una inversión. Yo, que de inversión entiendo más bien poco, haría la pregunta a cualquier convecino: ¿usted, si quisiera ganar dineros, metería y comprometería sus ahorros haciendo una fiesta?

Pero yo no quiero aguársela a nadie, porque también celebro, y está bien dilapidar lo propio con cierto arruallo —y moderación— y poner una nota de alegría en estos tiempos tan grisáceos. Por eso en mi casa estos días no han faltado vinos y licores, comidas y confituras, para agasajar y agasajarme, conluyendo con la apoteosis del agasajo en Naseiro.

El himno

Me vais a permitir que me explaye en una bagatela sin ningún tipo de importancia real, pero con una importancia relativa que se contiene en la conclusión del artículo. 

No quisiera yo dejar de tocar tan espinoso asunto, que a muchos pone los nervios a flor de piel, porque ni más ni menos que se toca el sentimiento patrio. Así como lo oyen (o no lo oyen, mejor dicho) no se ha tocado, un año más, el himno en el acto de izado de las banderas que da comienzo a las fiestas patronales. Además de esto, se ha tirado un extranjero chupinazo —cosa en desconocida en Viveiro—. Son cosas a las que nos están acostumbrando, y ya aprovechadas. Muy bien.

Pero no con desasosiego he preguntado a quien sabe en materia de derecho y protocolo, puesto que el uso del himno está regulado. Pero en el Ayuntamiento que tenemos, es todo lo mismo, y no me extraña lo que hacen por tanto no me puede parecer mal que los necios cometan necedads —y perdonen mi falta de patriotismo, porque igual me da que toquen el Himno, o icen las banderas al son de la Tarara, bailando la corporación como loca, a ver si se ponen sus vestidos negros: Viveiro is different!—.

Resulta que, indagando y preguntando a expertos, como he dicho, me han indicado que existe un Real Decreto 1560/1997 —cosas del Gobierno— en el que se regula el uso del himno nacional español. La cosa no es fácil, porque el izado de banderas de inicio de las fiestas ¿qué es? Según opinión mayoritaria es un "acto de honor" o un "tributo de respeto" a las enseñas, por lo cual se prescribe obligatoriamente que suenen los acordes del himno nacional. Y eso no es incompatible con que también suene el himno Gallego —cosa muy recomendable, sobre todo porque se puede cantar y es mucho más bonito y musical que la Marcha Granadera—. En tal caso, y teniendo en cuenta el momento en el cual se lleve a cabo el izado de las banderas, el himno nacional debería sonar al principio, si las banderas se elevan al comienzo del acto; o después de los himnos locales o autonómicos, en el caso de que las banderas se izasen al final del evento, en lugar del trapalleiro chupinazo que nos han metido por la puerta de atrás. En cualquier caso, la versión que habría de ser tocada es la larga, es decir, con repetición de las dos frases musicales en las que se puede dividir el himno.

A la pregunta de cómo se ha llegado a la conclusión de que es un acto de "homenaje a las banderas", parece que los consultados han logrado esa respuesta al ver la actitud de los agentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, que efectúan el saludo reglamentario, tal y como también lo indica el Real Decreto 1560/1997. De tal forma que el acto de inauguración de las Fiestas Patronales incluye, dentro del mismo, con ese izado de banderas, un homenaje a las enseñas patrias, por lo cual se hace obligatoria la interpretación del himno, a la luz de lo contenido en la normativa vigente.

Como hay tanto problema, yo propongo un himno para Viveiro, que bien podría ser el que presento, ya imbuídos en materia festiva, y que en lugar de tanto saludo y compostura, se marcasen todos un meneíto en la Plaza. ¡Quedaría de vicio!

¿Por qué no se interpreta el himno?

La situación viene de viejo. Allá por el año 2003, recién llegado a la alcaldía Melchor Roel, tuvo que hacer frente al durísimo oficio de llevar a cabo los festejos veraniegos. Sus socios de gobierno, por aquel entonces, eran los concejales del BNG, con Paco Luis al frente. Y por muy razonables que éstos últimos fueran en muchas cosas; su nacionalismo gallego no era muy compatible con acordes españolistas. Por ello tomaron la decisión —desde luego ni sabia ni salomónica— de comerse el Himno Español, tocar el Gallego, y santas pascuas. Ese primer año, los ediles del PP aguantaron estoicamente y se comieron el duro chinarro, poniendo buena cara desde el balcón del Concello. En la prensa de entonces se recogió el incidente (a pesar de la inexactitud de la intervención del representante Popular de aquellos tiempos para este asunto, Justo Vázquez). 

En septiembre de ese mismo año, se publicaba una entrevista a Paco Luis en la que él mismo se mostraba contrario a esos actos banderiles, por parecerle cuartelarios —a mi también me lo parecen, voy a coincidir, en esto, con él— pero en la que contaba, también, una mentira: que no había protocolo para esos actos.  Un año más tarde, el grupo municipal del PP vivariense abandonaba el balcón del Concello, al no interpretarse el Himno Nacional, no asistiendo a los pinchos que se servirían a continuación. Y ya en el año 2006 el  PP ya intuía que no se tocaría el himno en el acto de izado de la bandera, cosa aparejada en la misma noticia, al berrinche del BNG porque no habían subido, en la Mostra, al palco —a mostrarse, se supone…— 

En definitiva, esta situación no sólo  pervivió mientras el BNG sustentó una tenencia de alcaldía, sino que en el año 2008 hubo más de lo mismo —en el que gobernaba en solitario el PSOE— aunque el buen y gran Ramón Pernas, Monchito para muchos de nosotros, trató de dulcificar un tanto la cosa, y con diplomacia, ablandó la barrabasada. Hasta el año 2010 el PP viene reclamando que se toque la Marcha Granadera.

Ya, también, en 2003, paralelamente a la entrevista a Paco Luis, había otra a Melchor Roel —en un acto de propaganda periodística al que nos han acostumbrado, también, con el paso del tiempo— en la que el alcalde vivariense cuenta cómo mandó callar a César Aja, en un anticipo del «Por qué no te callas» regio.

Fuente: www.ppviveiro.com
En resumen: el PSOE (acuérdense de lo de Obrero Español) de Viveiro, con su testarudo alcalde al frente, se enquistaron en la refriega, y no se toca el himno, más o menos por razones que podríamos calificar de testiculares.  Este año, el PP, desde su página web vuelve a criticar la deshimnización del acto inaugural de las fiestas, y asisten a él, yo ya no sé si por pantomima, desde la calle, con toda la ciudadanía —cosa loable, por otra parte— y de lo que testimonio fehaciente esta fotografía obtenida de la propia página web popular. En la foto puede, también, apreciarse, la compostura del agente municipal, saludando a lo policial o militar, siendo esa actitud la que han analizado aquellos a quien he consultado para determinar la naturaleza del acto del izado de las banderas. 

¿Es correcta la actitud del PP?

Realmente no sabemos cual es la actitud del PP. Hacer algo en la prensa es equivalente a publicarlo y a no hacer nada. Las mismas fuentes consultadas para la elaboración de este artículo concluyen que se puede llevar ante los juzgados el hecho de no interpretar el himno; y sería más que probable que recayese una sentencia favorable que obligase al Concello a la tocata para el izado de las banderas. Ello daría lugar a posibles sanciones si así no se hiciera. Esto mismo sucedió en numerosos ayuntamientos vascos, en los cuales no se izaba la bandera española. Pero esas mismas fuentes dan a entender que sería inútil litigar por tan poca cosa, y lo mejor que podría suceder es que o bien se suprimiese el acto, o bien que, con mucha naturalidad y flema, como en cualquier país europeo que se precie, se tocasen todos los himnos, y con poca afectación, menos traje y menos postureo, se izasen las banderas. O se leyese el típico pregón de las fiestas, cosa que se hace en la mayor parte de los pueblos de España, con menos bandera y menos solemnidad. Porque, al fin y al cabo, son fiestas.

No obstante, el PP cae en una incongruencia que desvirtúa plenamente su discurso, y es la falta de empeño en que el himno se toque. Desde luego, denunciándolo en la prensa no hacen nada más que armar alboroto en la opinión pública, pero sin lograr una opinión judicial favorable, de nada sirve tanto bombo y tanto platillo en los periódicos. Más les valdría lograr una efectiva sentencia que invocar para este caso en concreto que andar proclamando a los cuatro vientos la necesidad imperiosa de tocarse himnos.

Lo verdaderamente importante de este asunto, y es lo que me da pie al siguiente artículo, es lo siguiente: Un PSOE que sigue su tónica de desgobierno. Un BNG que impone su línea de gobierno en chorradas que no van ni vienen a ninguna parte. Un PP que no ejerce la función de oposición con la fuerza y la decisión que debería hacerlo, tal y como es su obligación. iVi ¿Qué hace iVi? ¿Les preocupa el himno este año? ¿Les preocupa algo más serio? ¿Para qué están ahí?

Con esto termino, y os prometo en breve una segunda parte sobre esto último, que es lo que interesa verdaderamente para la vida municipal.

También os anticipo los artículos en los que estoy trabajando en la actualidad:

  • Prohibición de endeudamiento a los Concellos: consecuencias vivarienses.
  • Divorcio famoso en Viveiro. El Gobierno.
  • Horarios funcionariles y administración local: el ejemplo poco ejemplar.




martes, 9 de agosto de 2011

Igualdad ante la ley

Seguimos con los coletazos del Resurrection, pero no desprestigiando, o tirando contra el festival, como algunos creen ver. Decíamos que no estamos preparados para la acogida de tantos visitantes en tan poco tiempo, y con tan pocos medios, por lo que se generan situaciones difíciles en la convivencia cotidiana. Un lector me remitió hace unos días un mail, adjuntando unas fotografías, y cuya elocuencia quita toda necesidad a mi escrito.

Os lo dejo para vuestra opinión:

Benquerido Pentapolín del Arremangado Brazo, Rey de los Garamantas:
Gostaríame que se publicase no teu espazo de internet este mail, que che envío para que todos sexan conscientes da desigualdade ante as leis vixentes que se perpetra no noso Concello, beneficiando descaradamente a uns, e prexudicando a outros.
Eu son un veciño de Viveiro, que vivín aquí durante moitos anos, nos cales casei e tiven fillos. Merquei casa e coche, e paguei tódolos meus impostos e taxas relixiosamente —IBI's, IVTM's, plusvalías...—. Matriculei ós meus fillos en colexios públicos do noso Concello, e se asisten ás actividades que para eles programa o Axuntamento, pagan cando é obrigado. Eu tamén o fago, incluso colaboraba coas festas do verán mercando varios bonos. Todo ata aquí moi ben.
Sei que o festival de Hardcore que se celebra trae moitos beneficios, e incluso me aleda que moitos desfruten do mesmo, e aturo de boa gana as pequenas molestias que se derivan del. Pero hai algo que non aturo: a desigualdade.
Hai uns días, na praza de Lugo, aparquei o coche durante uns intres no extremo da parada de Taxis. Xa sei que alí non se pode aparcar, pero só había un taxi, e os outros tiñan sitio dabondo. Había dous coches máis estacionados alí. Podería dicir que calquera persoa de Viveiro parou alí algunha vez. Subín a unha casa dun familiar a baixar unhas caixas, e tardei 7 minutos, máis ou menos —sen chegar ós 10—. Cando baixei, xa estaba o coche enganchado coa grúa, e un municipal e o operario da máquina estaban alí. Despois de moito pregarlles que non me levasen o coche, tiven que pagar o enganche da grúa e a multa por estacionamento indebido. Fíxeno ao día seguinte. 
Agora, señor Pentapolín, gustaríame que te fixases nas fotos que che envío adxuntas. Resúltame indiferente que se cometan infracións e eu non teño alma de policía para denunciar aos veciños ou os visitantes, e por iso borrei as matrículas dos coches e os signos que os poderían facer recoñecibles. Pero indígname moitísimo que non se actúe de xeito igual para todos os cidadáns. Estos coches estiveron aparcados no mesmo sitio toda unha noite, sobre as aceras no paseo marítimo. Non só eran estos, senón que moitísimos máis, que estaban así dende o campo de fútbol do Cembedo ata o Edificio Omega. Todos estos coches  pertencían a persoas que de seguro non puideron aparcar noutro lugar, pero que, por arte de maxia, non foron sancionados, nin os seus vehículos retirados pola grúa municipal.
Creo que o noso goberno municipal está a outras cousas que non son, dende logo, gobernar con coherencia e con respeito da lei, tal e como prometeron cando accederon ó seu cargo. Soamente están aí para figurar, e intentar que o barco non se afunda, xogando a tódalas augas posibles, e caendo simpáticos a comerciantes e hostaleiros, mentres que ós veciños de a pé nos poden abrasar tódolos días do ano con impostos, multas e demáis prezos públicos, non ofrecendo a cambio ningún servizo serio, senón que todo o contrario: gastando os cartos a mans cheas e logrando que os servizos cada vez vaian a peor. Por riba de todo isto, cando un intenta expoñer as razóns que o levaron ás infracións de lei que comete, non se lle escoita. Pero estos rapaces que viñeron ós concertos semella que están moi por riba da lei, e a eles pódeselles perdoar todo.
A próxima vez que teña algún contratempo con algún garda municipal, probablemente lle ensine as fotografías que levo no meu teléfono móbil, e lle diga cal foi a razón de por que se me multa a min, e por que non se fixo con estas persoas. Tal vez volva a escribir as razóns que me levan a pensar que os que estamos vivindo en Viveiro todo o ano, e soportando este Concello co noso traballo e os nosos impostos, merecemos un trato máis favorable que aqueles que soamente están aquí dous días, ou dous meses ó ano. Igual terei que dicir que son un cidadán coma os máis, que cumpro coas miñas obrigas puntualmente, e levar o recibo da contribución comigo.
 Perdoa que me extenda tanto, señor Pentapolín, pero máis extensa é a miña indignación, e agradeceríache que publicases este mail, para que todos vexan que a opinión da veciñanza non pode ser calada polos medios de comunicación, que pasan olímpicamente de nós, para convertérense na voz dos políticos que nos rouban a cotío.
Un veciño.